En el mundo del abonado nos encontramos dos momentos de aplicación de los fertilizantes.
Por una parte, está el abonado de fondo, que consiste en la aplicación de los fertilizantes antes de la siembra o trasplante de nuestros cultivos. Yo en el macetohuerto lo aplico de varias formas. A veces, desmantelo la maceta, deshaciendo con las manos todo el sustrato, para religarlo posteriormente con un 2-10 % de algún abono orgánico. Si se trata de estiércol de oveja o caballo, que son fuertes, pongo un 2-5 % y si uso humus de lombriz o compost, que tienen un carácter más suave, pongo alrededor del 5-10%. A veces, me complico menos la vida y no desmantelo la maceta. Simplemente, hecho una capa superficial del fertilizante y la ligo con los primeros 5 o 10 cm. ¿Cual es el método más interesante?. Pues es cuestión de ir investigando y ver cual se adapta mejor a cada cultivo y tipo de maceta.
Yo para los cultivos de verano (tomate, pimiento, berenjena, calabacín, pepino, melón y sandia), así como para algunos cultivos invernales (coles, coliflores, brécol, acelga y espinaca), utilizo estiércoles, tanto de caballo como de oveja. Sin embargo, para cultivos más sensibles a estos fuertes fertilizantes (puerro, cebolla, lechuga, habas, guisante, nabo, zanahoria o escarola) utilizo compost o humus de lombriz. Incluso si he abonado el cultivo anterior con estiércol, puede que para estos últimos no fertilice con ningún abono de fondo, ya que los restos del estiércol todavía deben de tener capacidad de nutrir los cultivos.
Por otro lado, está el abonado de cobertera, que se aporta superficialmente, y cada cierto tiempo, durante el periodo de crecimiento de la planta. Con este abonado lo que realizamos es un aporte suplementario al abonado de fondo para que las plantas lleguen bien al momento de la cosecha. Se aporta poco a poco y espaciado en el tiempo, para que nos se pierda por lavado a través del drenaje de la maceta.
En abonado de cobertera se puede aplicar de dos formas, en solido o en líquido, a través del riego. Yo, el guano, la murcielaguina, la ceniza de madera y la harina de roca basáltica, entre otros, los suelo aplicar espolvoreándolos con una cuchara de café o sopera alrededor de las plantas, haciendo una corona pero sin tocar el cuello, ya que estos abonos tienen una salinidad importante y pueden afectarlo. La lluvia o el riego posterior se encargarán de introducirlo en el sustrato. Es el caso de la foto que veis más arriba, en el cual se ha utilizado guano para fertilizar una coliflor. Esta planta procede de semilleros se hicieron hace 30 días y se trasplantaron hace 15.
Junto a esta, se pueden observar unas plántulas de rábano que se han asociado y que se cosecharán en 1 mes, mientras que la coliflor estará en alrededor de 5.
Otros abonos, que son líquidos, como la melaza de remolacha o las harinas de pescado hidrolizadas, e incluso la orina, si uno decide utilizarla, se pueden diluir en el agua de riego de la regadera. También es posible diluir los abonos sólidos anteriormente mencionados en un frasco, que agitaremos bastante para poder disolver el máximo de nutrientes. Estos abonos los podemos aplicar de forma aislada o mezclada en distintas proporciones. Es solo cuestión de experimentar.

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